Siempre hay alguien que manda el mensaje. “Nos vemos a las cuatro, no se duerman.” Alguien que arma el traslado, que confirma quién falta, que se acuerda de llevar todo. En cada grupo hay un guardián de momentos: la persona que se ocupa de que las cosas pasen, y de que estén todos. Este noviembre, esa persona tiene una cita en León.
Del 13 al 16 de noviembre, el Parque Metropolitano recibe la edición 25 del Festival Internacional del Globo. Pero el festival no empieza cuando despegan los globos…
Madrugar nunca es una decisión individual
Llegar implica un plan que se organizó con semanas de anticipación. Un carro que pasó a recoger a tres personas. Una chamarra prestada. Un café en el camino, todavía sin conversación. Hay algo que se arma en ese trayecto a oscuras y que no vuelve a repetirse en todo el día: el grupo va medio dormido, nadie tiene tema, y aun así todos decidieron estar.
El minuto en que nadie habla
Primero es el sonido: los quemadores, la tela que se tensa, las cuadrillas trabajando sobre el pasto húmedo. Después el color, cuando más de 200 globos de equipos de 25 países empiezan a levantarse casi al mismo tiempo sobre el parque.
Lo que pasa cuando los globos bajan
El FIG no permanece solo por los globos, sino también porque cada año alguien vuelve a enviar el mensaje, vuelve a proponer, a poner la alarma, vuelve a pasar por los amigos de siempre (y algunos nuevos). Lo que convierte un día en tradición es que un guardián de momentos se encargue de que vuelva a suceder.
Nos vemos a las cuatro. Que se repita.